Alfonso Undurraga, de una larga tradición familiar viñatera, preside Vinos de Chile, la asociación gremial que reúne a la industria vitivinícola. En esta entrevista analiza el momento del negocio, que viene golpeado por bajas en el consumo y la producción. Aunque se declara optimista, reconoce: “La industria tiene que ajustarse, hay que ajustarse en las plantaciones”.
-¿Cuál es tu opinión sobre el momento de la industria, que enfrente desafíos importantes?
-Hemos tenido un año y medio muy complicados, pero creo que la crisis de los 80 fue mayor. Porque en ese tiempo la industria dependía casi en un 100% del mercado nacional, se consumían 60 libros per cápita, bajaron a 15 y por lo tanto un 75% de la industria desapareció. Claramente, estamos pasando por momentos súper difíciles. Yo leí lo que decía Aurelio Montes, que el que dice que la pasa bien está mintiendo. Estamos todos con heridas, algunas más grandes que otras. Quiero ser optimista, pero es cierto: desde el boom de los 90, es el momento más difícil que hemos pasado.
-¿A qué lo atribuyes?
-El 2023 las ventas cayeron un 20%. Y este año no es para sacar champaña, pero podemos terminar el año con algo de crecimiento. Por lo tanto, para celebrar, no. Pero al menos la cosa está estable.
-¿Ha sido difícil acceder a créditos?
-Como son los bancos, te cortan las líneas de crédito, te ayudan poco. Entonces, después de un año en que se cayeron 20% las ventas, es difícil la resaca posterior. Esto se debe a que luego de muchos años de bonanza, de crecimiento, de mucho éxito, post-pandemia vino una caída fuerte. Ha caído algo el consumo, entonces también viene un ajuste en ese aspecto. Durante la pandemia nos encerramos y todo el mundo tomó vino. El consumo subió en forma notable. Pero el pencazo fuerte vino el año 23.
-¿Dices que es necesario un ajuste?
-Claramente. La industria creció por mucho tiempo, se plantaron más viñedos, entraron al ruedo muchas viñas. Y hoy en día tiene que ajustarse, hay que ajustarse en las plantaciones. Llegamos a tener más de 140 mil hectáreas, y hoy estamos en el rango de las 110. Y el número de empresas también tiene que ajustarse. Los que se sobregiraron y partieron tarde, llegaron tarde a la fiesta y no les tocó nadie con quien bailar.
-¿Hay viñas que tienen que cerrar?
-Y es lo que está pasando. Llegamos a 400 exportadores, y hoy en día estamos en el rango de los 300. Un 25% de la venta se produce en Chile, un 75% se exporta, dentro de ese 75% está súper atomizado. Está Brasil, EE.UU., un China, algunos suben, algunos bajan.
-China ha bajado mucho en exportaciones, un 20% por lo menos.
-Se nos cayó China, pero la verdad es que Brasil se ha portado mucho mejor de lo que esperábamos. Brasil era el mercado clásico de puro vino barato. Tú ves que hoy en día en Brasil, a marcas como Vik, como Pérez Cruz, les esta yendo muy bien. Muchos vinos caros funcionan. Por eso es bueno tener repartido los huevos en varios canastos: se nos cae uno, nos arrimamos a otro.
-Pese a los intentos de Eduardo Chadwick o Aurelio Montes, ¿Chile sigue siendo conocido como productor de vinos baratos?
-Como dice el dicho “hazte la fama y échate en la cama”. Hay que ser realista, la fama la hicimos con vino barato. Pero cuando yo partí no existían los Melchor, no existían los Seña, no existían los Almaviva. En 1992, en Undurraga la caja se exportaba a 14 dólares. Y no había mucha gente que exportara. Eran muy pocos los que exportaban sobre 30. Hoy en día no solo hay gente que exporta a buenos precios, 300, 500 dólares, sino que Chile es reconocido por vinos como Almaviva, Lapostolle, Errázuriz, Montes, Chadwick.
-¿Cómo ves el futuro de la industria?
-Que estamos pasando un momento difícil, no hay duda. Pero como viñatero, yo soy más optimista. Creo que estamos pasando un momento difícil, que tenemos que acomodarnos quizás a un tamaño o un crecimiento del negocio más conservador, de tasas más bajas. Muy distintas a las que nos acostumbramos entre los 90, los 2000 y el 2010. Fueron 30 años de crecimiento espectacular, pero la fiesta no es eterna. El agricultor que tiene que vivir del negocio, produce menos cantidad y le pagan menos: es el peor de los escenarios.
-¿Crees que la estrategia de Chile debe cambiar?
-La estrategia debe adecuarse, lógicamente, pero nuestra meta es seguir empujando los vinos más finos, que son más rentables, y además también te chorrean por abajo en términos de imagen y precio. Seguimos en momentos duros, pero más de ajuste. Hay que mantenerse firmes y defenderse en lo que cada uno tiene. Enfocarse en vinos baratos, no creo que sea el camino para Chile.
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