Albert Tidy, arquitecto: “El centro requiere mayor control y seguridad, pero sobre todo poblarse”

Albert Tidy es un arquitecto conocido tanto en Chile como en el extranjero. Tiene obras paradigmáticas como la Factoría Italia, campus universitarios y casas. Hoy trabaja con madera, cuyo potencial -asegura- es enorme. Además prepara el estreno de la nueva Escuela de Arquitectura de la U. de Los Andes. Dice que el Colegio de Arquitectos “no me representa”.


-¿Cómo observas la situación del centro de Santiago?

-Soy un admirador del centro. Para mí sigue siendo el mejor lugar de la ciudad y debería ser el más caro, como sucede en general en las ciudades europeas, porque concentra patrimonio, parques, servicios y cascos históricos. La inseguridad, sin embargo, hace que mucha gente quiera vivir en San Damián y en otros sectores parecidos. Sin embargo, hoy existen oportunidades enormes para quienes vuelvan a apostar por el centro. Vivo hace casi 30 años en un departamento maravilloso en calle Merced, que en París sería incomprable.

-¿Qué medidas son necesarias para recuperarlo?

-Se requiere mayor control y seguridad, pero, sobre todo, volver a poblarlo. Ya hay inmobiliarias recuperando antiguos edificios de oficinas para transformarlos en viviendas. Cuando llegue más gente joven, que valore vivir cerca de todo y no depender del automóvil, reaparecerá el sentido de comunidad. La verdadera seguridad nace de barrios habitados y con pertenencia.

-¿Cómo evalúas el rol del Colegio de Arquitectos?

-Ya no me siento representado. Creo que el Colegio está excesivamente politizado y olvidó su función gremial, que es promover y celebrar la buena arquitectura. El episodio del stand vacío en el congreso mundial en Barcelona reflejó una institución capturada por intereses ajenos a la disciplina.

De hecho, siento yo que la AOA, que es la Asociación de Oficinas de Arquitectura, ha cobrado un peso mucho más importante en la representación y en materias de divulgación que el Colegio irresponsablemente ha abandonado. Sin embargo, creo que el Premio Nacional de Arquitectura de este año reivindica, digamos, al propio Premio Nacional.

-¿Por qué?

-El otorgamiento del Premio Nacional a Smiljan Radic y Alejandro Aravena reivindica el espíritu del reconocimiento, premiando el mérito arquitectónico y no criterios políticos. Ojalá esa línea continúe y también se reconozca a arquitectos que llevan años esperando ese reconocimiento, como Cristián Undurraga o José Cruz.

-¿Qué opinión tienes sobre la gestión de Iván Poduje en vivienda y su crítica a la reconstrucción de zonas incendiadas como El Olivar?

-Tiene un estilo muy mediático, pero también es un profesional con carácter y presencia en terreno. Algunas de sus acciones comunicacionales me parecen exageradas, aunque comparto la idea de exigir responsabilidades cuando existen proyectos mal construidos. Las viviendas sociales deben ofrecer garantías reales a sus propietarios, porque históricamente muchas constructoras han cometido abusos que terminan pagando las familias.

-La arquitectura chilena ha alcanzado reconocimiento internacional. ¿Chile es realmente una potencia?

-No sé si hablaría de una potencia, pero sí de una arquitectura muy interesante. Aravena y Radic son talentos excepcionales, con lenguajes distintos. Lo que comparten es una capacidad de transformar la escasez en creatividad. En Chile muchas veces la falta de recursos obliga a improvisar soluciones inteligentes y esa condición termina generando una arquitectura con identidad propia. Creo que ahí está una de las razones por las cuales la arquitectura chilena despierta tanto interés en el mundo.

-Uno de los ejes de tu gestión será la formación de nuevos arquitectos en la U. de Los Andes. ¿Cuál es el principal desafío?

-Chile tiene 44 escuelas de arquitectura, una cifra excesiva para el tamaño del país. Es un momento clave para reflexionar sobre cómo deben formarse los arquitectos, sobre todo con la irrupción de la inteligencia artificial. Hay instituciones que entienden la formación como un negocio e incluso imparten arquitectura de manera online. Nosotros queremos centrarnos en la calidad, con una carrera de diez semestres, eliminando contenidos obsoletos y reforzando la visión humanista de la disciplina.

-¿La inteligencia artificial representa una amenaza para la arquitectura?

-No. Creo que la fortalecerá porque permitirá trabajar de forma más rápida y eficiente. Justamente por eso la universidad debe ser un espacio de reflexión crítica. Hoy el desafío ya no es solo el urbanismo tradicional, sino integrar ciudad y ecosistemas de manera armónica.

-¿Por qué ese énfasis en la ciudad?

-Porque Chile es uno de los países más urbanizados del mundo. Cerca del 90% de la población vive en ciudades y esa cifra seguirá creciendo. La pregunta ya no es si las ciudades se expandirán, sino cómo hacerlo respetando el entorno natural y construyendo mejores comunidades.

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