Parece un rincón arrancado de otra ciudad. Las calles adoquinadas, las fachadas de inspiración francesa y los faroles antiguos hacen que el Barrio París-Londres parezca más cercano a una novela inglesa del siglo XIX que al centro de Santiago. Hoy vive un renacer.
Qué mirar. El reconocido arquitecto Alberto Tidy, de la Escuela de Arquitectura de la U. de Los Andes, explica: “El barrio París-Londres es una joya arquitectónica ubicada en el centro de Santiago. Concebido por los arquitectos Ernesto Holzmann y Roberto Araya sobre los antiguos terrenos de la orden franciscana, contiguos al edificio más antiguo de la ciudad —la Iglesia de San Francisco—, este conjunto urbano destaca por su trazado curvo y la altura homogénea de sus edificaciones”.
- Es invierno y el barrio vive uno de sus momentos de mayor actividad. La temporada de nieve ha traído una oleada de visitantes brasileños que llegan a Santiago para esquiar en la cordillera y terminan recorriendo este pequeño enclave patrimonial, convertido en una parada obligada para quienes buscan algo distinto al circuito tradicional de compras.
- Josie, una turista de Río de Janeiro, no deja de fotografiar las calles. Mira las fachadas con asombro y sonríe mientras intenta encontrar el mejor ángulo.
- “Me gusta el clima, me gustan los edificios, parecen como si estuviera en Europa. Todo es muy ordenado”.
- No es la única. A pocos metros, un numeroso grupo de brasileños sigue atentamente a un guía que explica en portugués la historia del barrio. El recorrido cambia de tono cuando se detienen frente a Londres 38, uno de los sitios de memoria más importantes del país. Podría convertirse en una especie de Casa de Ana Frank, el museo más visitado de Amsterdam, pero está dañado por terremotos y temporales.
- El edificio fue sede del Partido Socialista hasta el golpe militar de 1973. Poco después fue ocupado por la DINA y convertido en un centro clandestino de detención y tortura. El lugar conserva espacios estremecedores. Incluso el pequeño baño, apenas equipado con un lavamanos, mantiene inscripciones realizadas por personas que pasaron por allí antes de desaparecer.
Auge. Pero el barrio París Londres no vive únicamente del pasado. En los últimos años el barrio ha comenzado a transformarse en un polo de diseño, gastronomía y hospedaje. Nuevos cafés de especialidad ocupan antiguas casonas. En una esquina funciona un local que ofrece granos provenientes de Guatemala.
- En el Colectivo 44, una galería donde conviven ilustradores, artistas y diseñadores chilenos, el movimiento también ha aumentado. “Ha ido creciendo harto la cantidad de turistas en el último tiempo”, cuenta Misae, orfebre y uno de los integrantes del espacio. En el lugar se venden flores, objetos decorativos, joyería, arte y ropa de diseñadoras nacionales. Las prendas fluctúan entre los $50.000 y $170.000, mientras algunas obras alcanzan valores cercanos al millón de pesos.
- Los hoteles sencillos valen 35 mil pesos. El Fundador parte en 80 mil y está lleno. “Todos brasileños”, dicen en la recepción.
El presente. París-Londres, en un área pequeña de la capital, cerca del Hotel San Francisco, uno de los pocos de lujo que queda, no es un barrio detenido en el tiempo. Si antes sus departamentos eran una ganga hoy parten en 129 millones de pesos (dos habitaciones y 65 metros cuadrados). Es un lugar donde el patrimonio arquitectónico, la memoria histórica y una nueva vida cultural se encuentran todos los días. Muchos visitantes llegan atraídos por una imagen de Europa en el corazón de Santiago.
- El arquitecto Alberto Tidy concluye: “El diseño del barrio buscó recrear y celebrar los estilos del eclecticismo europeo, dando origen a uno de los barrios con mayor valor patrimonial y carácter histórico de la capital. Sus calles encierran también el pasado oscuro de los centros de detención y tortura que hoy se respetan con el museo de sitio de Londres 38”.
- Y cuenta una historia personal: “Con mucha alegría visité la feria urbana (se hace una vez al mes) hace un par de semanas que constituye una verdadera fiesta de encuentro ciudadano. Aquel es el sentido genuino del espacio público que inspiran lugares tan valiosos como este particular barrio que nos pertenece a todos y que es necesario redescubrir y valorar”.
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