María Paz Lagos, subsecretaria de Turismo, plantea que el Estatuto Laboral del Turismo permitirá adaptar la organización del trabajo a la estacionalidad del sector, respetando la jornada de 40 horas y fortaleciendo el empleo formal, la inversión y el desarrollo regional.
Chile tiene una oportunidad enorme para consolidar al turismo como uno de los grandes motores de desarrollo del país. Hoy ya es el principal sector exportador de servicios, aporta cerca del 3% del PIB (US$9.994 millones), genera casi 700 mil empleos y produjo US$4.157 millones en divisas en 2025. A esto se suma una señal positiva en materia laboral: según datos recientes del INE, el empleo formal turístico aumentó 0,4% en doce meses, alcanzando 455 mil trabajadores, mientras el empleo informal disminuyó 1,2%.
Si queremos que el turismo siga creciendo, atraiga más inversión y genere empleos de calidad, necesitamos reglas que reconozcan las particularidades de esta industria. Ese es el propósito del Estatuto Laboral del Turismo, que propone tres cambios principales: permitir jornadas organizadas en ciclos más largos, otorgar mayor flexibilidad en la distribución de los domingos trabajados y habilitar la compensación de horas extraordinarias con descanso, siempre respetando la jornada promedio legal de 40 horas y los derechos de los trabajadores.
El fundamento de estas medidas es claro: estamos hablando de una actividad que depende de la hospitalidad y ésta no se improvisa. Requiere equipos disponibles en los momentos de mayor demanda, servicios funcionando con continuidad y personas que puedan desempeñar su trabajo en condiciones adecuadas. Apuntar a esa consistencia es clave para que Chile entregue una experiencia de calidad, coherente y acogedora, fortaleciendo la hospitalidad como un sello distintivo frente al mundo.
A esto se suma un rasgo estructural del sector: su estacionalidad. Hoy la demanda se concentra en temporadas altas, vacaciones, fines de semana largos y festividades, lo que plantea el desafío de avanzar hacia una actividad más equilibrada durante todo el año. Esa realidad exige una regulación acorde a esta dinámica. El Estatuto responde precisamente a esa necesidad y es resultado de un amplio proceso de diálogo con nueve gremios del sector antes de su ingreso al Congreso.
Sin embargo, durante el debate se han instalado afirmaciones que no contribuyen a una discusión seria e informada. La más recurrente sostiene que este proyecto crea una excepción a la jornada de 40 horas. No es así. El Estatuto no modifica ese marco, sino que permite aplicarlo de manera efectiva en una industria cuya demanda cambia según la época del año.
Aquí hay una discusión de fondo. No se trata de elegir entre derechos laborales y desarrollo económico, como algunos han intentado instalar. Se trata de reconocer que el turismo tiene características propias que requieren una regulación específica. Negar esa realidad significa seguir aplicando reglas diseñadas para actividades completamente distintas, limitando el crecimiento de un sector estratégico para Chile.
No olvidemos que el turismo es fundamental para las economías regionales. Moviliza alojamiento, gastronomía, transporte, comercio y una extensa cadena de servicios. Sin embargo, convive con una realidad que no podemos seguir normalizando: más de un 30% de informalidad laboral.
Sostener que las reglas actuales son suficientes no fortalece los derechos de los trabajadores, mantiene un escenario donde muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, enfrentan dificultades para responder a la demanda estacional dentro del marco vigente. El resultado es menos estabilidad, menos protección y más informalidad.
El Estatuto busca precisamente reducir esa brecha. No flexibiliza derechos ni disminuye la jornada de 40 horas. Entrega herramientas para organizar el trabajo dentro de los límites legales, otorgando mayor certeza tanto a trabajadores como a empleadores y favoreciendo empleos más formales y estables.
El verdadero debate no debería centrarse en falsas dicotomías, sino en cómo construimos una legislación que combine protección laboral, formalización y desarrollo. Porque una regulación que ignora la realidad termina perjudicando justamente a quienes busca proteger. Si queremos que el turismo siga siendo un motor para Chile y sus regiones, debemos dotarlo de reglas modernas que permitan crecer con más inversión, más empleo formal y más oportunidades para todos.
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