Mayo 20, 2022

Iván Poduje: “Cuando entramos en una fase de violencia crónica, el comercio informal se transforma en un territorio de sables y pistolas”

Eduardo Rubio V.

La noche de este jueves hubo un desalojo en el barrio Meiggs, tras la balacera que terminó con el homicidio de la periodista Francisca Sandoval. Y esta semana se expulsó a vendedores informales en la Estación de Metro Ñuñoa, lo que concluyó con 8 guardias lesionados. La creciente instalación de comercio ambulante, tanto en Santiago como en regiones, ha transitado por una ola de violencia. El arquitecto y urbanista Iván Poduje analiza este fenómeno y sus repercusiones.


-Hace unas semanas fue Meiggs y ahora el Metro Ñuñoa. El gobernador Claudio Orrego afirmó que en el fenómeno del comercio ambulante existe una mezcla explosiva de estallido social, pandemia y problemática migratoria ¿Comparte ese análisis?

-Hay varios factores que inciden. El primero es una suerte de licencia social, entregada por elites buenistas que ven el comercio informal como una actividad de subsistencia, omitiendo el efecto de las mafias o su impacto en el comercio establecido. Es interesante ver como en esta postura convergen sectores de derecha, como el IES, y también de izquierda, especialmente del Frente Amplio. Ambos tienen influencia y cuando alcanzan el poder, ganando alcaldías consolidan la informalidad a punta de permisos precarios como ha ocurrido en Valparaíso, Recoleta o Santiago.

Por supuesto que existe comercio de subsistencia, pero hace muchos años que funciona en paralelo con organizaciones criminales. Lo nuevo es que aumentaron su capacidad de resistencia. Los ambulantes siempre han defendido su territorio con fuerza física, pero ahora vemos guardias y sicarios armados, lo que complejiza mucho más el control de la actividad.

-¿Qué otros factores influyen?

-Un tercer factor es la migración irregular, ya que el comercio informal no requiere papeles para operar, así que cualquier persona o agrupación se puede sumar si logra conquistar la calle, lo que eleva la conflictividad en la disputa por el territorio. Esto se podría agravar en caso que el país entre en crisis y el desempleo aumente, ya que esas persona se moverán a la informalidad.

Por último, no podemos omitir que los ambulantes tienen demanda. La gente les compra y mucho. Por eso conquistan más espacio ya que se trata de una actividad que genera ingresos rápidos, y puede ser muy rentable cuando se organiza criminalmente.

-¿Cuánto afecta este fenómeno, a su juicio, en el funcionamiento urbano? 

-El comercio ambulante mata los centros históricos, ya que privatiza el espacio público y revienta a los pequeños comercios establecidos, y ambos factores son claves para darle vida a las ciudades. Cuando el comercio informal se desbanda, las tiendas migran a sectores más seguros o controlados, lo que acentúa la segregación entre las “zonas rosas”, y los distritos históricos.

Cuando entramos a una fase de violencia crónica, como ocurre en Meiggs – San Alfonso, Valparaíso o Recoleta, el comercio informal eleva considerablemente la inseguridad. Se transforma en un territorio controlado por organizaciones paralelas al Estado, que resuelven sus controversias con sables o pistolas. Además se produce un efecto ventana rota, ya que la actividad delictual ampara otras actividades delictuales, como los lanzazos, casinos informales, o uso de casas o galpones para bodegas para almacenar los productos ilegales que venden los informales más organizados.

-¿Qué relación hay entre comercio ambulante y delincuencia?

-Bastante, ya que la informalidad impide separar la paja del trigo. En una calle puedes tener comercio de subsistencia, con personas que pagan un precario para trabajar y con puestos controlados por organizaciones criminales. Es casi imposible diferenciarlo, salvo en las ferias libres que por su organización pueden aislar a los coleros o sacar a los delincuentes. Pero en la calle es más difícil hacerlo.

-La gran pregunta probablemente es cómo reducir el explosivo crecimiento del comercio ambulante. ¿Quiénes debieran ser los primeros en actuar?

-Depende del tipo del tipo de lugar y el tipo de comercio informal. En sectores de alta afluencia peatonal, como andenes de Metros o veredas con más de 40 mil personas por día, la única salida es la relocalización, que siempre es difícil y traumática, y que se hace imposible cuando la escala de la ocupación aumenta.

En estos casos se pueden evaluar estrategias de relocalización, que suelen ser resistidas por los ambulantes, ya que no tienen el flujo de clientes de los lugares originales. La responsabilidad es compartida entre el Ministerio del Interior, que controla a las policías, y los municipios, que administran el territorio y que en casos puntuales pueden tener inspectores que ayuden.

-¿Cuál es el modelo ideal para enfrentar este fenómeno?

-Si el comercio se instala en calles y veredas menos transitadas, el modelo ideal es la feria libre: se organiza a los comerciantes y se asignan días de operación, con espacios demarcados en bandejones o calzadas. Esto permite que ellos vayan rotando por la ciudad sin saturar. Además el permiso se formaliza y se fortalece la organización de los comerciantes para evitar a tiempo, que entren actividades delictuales.

Ahora veamos el tipo de comercio. Cuando existe evidencia de una organización criminal, la clave es cortar la cadena de distribución, lo que implica fiscalizar y clausurar o retener las bodegas y vehículos que son usados para llevar los productos a los puestos ocupados, incluyendo los camiones que retiran y ponen los toldos de ocupación ilegal. Este trabajo es 100% responsabilidad del Ministerio del Interior.

También se puede atacar la demanda, multando a las personas que compran pero esto es difícil de implementar. Primero, porque los inspectores no tienen facultades para detener o hacer exigible el pago de la multa.

-¿Qué pasos han seguido otros países para enfrentar esta problemática?  

-La principal estrategia es reducir la ventana rota de la informalidad, lo que implica detener a tiempo cualquier ocupación y hacer desalojos masivos de los sectores más conflictivos. Esta fue la estrategia ocupada en Bogotá durante la primera administración del alcalde Peñaloza, cuando el comercio informal estaba desbordado.

También es importante formalizar a los ambulantes, pero no mediante el permiso precario, sino que favoreciendo su organización y viendo opciones para relocalizar o reducir la frecuencia de ocupación de los espacios, estableciendo circuitos de rotación, con lugares demarcados y asignados.

-Lo central entonces es cerrar la “ventana rota” de la informalidad.

-Una vez que la ventana se cierra, vale decir, que la informalidad tiene costos para los infractores, opera la fiscalización. Para ello, Municipios como París o Nueva York, tienen inspectores especializados y entrenados, que además se usan para fiscalizar incivilidades (vandalismo y graffiti). Así no sobrecargas a las policías, que solo operan cuando los comerciantes se resisten a desocupar el espacio o agraden a los inspectores.

Creo que estos inspectores especializados se requieren en Chile y para ello, es clave que la Subdere abra una línea de financiamiento para los municipios. Además, tenemos que potenciar y masificar el modelo de la feria libre, que ha logrado canalizar una enorme cantidad de locatarios que funcionaban en condiciones precarias, hacia lugares centrales pero con ocupaciones de dos días, y con relaciones virtuosas entre comunidades.

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