Para la consecución de estos logros resulta fundamental negociar desde una posición de unidad nacional, en las que todos los sectores involucrados aportan desde sus respectivos ámbitos.
Al asumir la conducción de la política exterior de Chile el 11 de marzo, definimos un conjunto de prioridades estratégicas para orientar nuestro trabajo. En el primer lugar figuraba el restablecimiento de las relaciones consulares con Venezuela. No se trataba únicamente de recomponer un canal institucional. Sino que, a través de él, poner a las personas en el centro de nuestra acción diplomática y responder a una necesidad concreta que afectaba a cientos de miles de familias.
La restauración de las relaciones consulares es una decisión de Estado que busca dar solución a problemas reales. Esa es, precisamente, la esencia de una buena diplomacia: construir acuerdos que mejoren la vida de las personas.
Hoy viven en Chile cerca de 700 mil venezolanos y alrededor de 25 mil chilenos residen en Venezuela. Detrás de esas cifras hay personas que necesitan renovar documentos, asistencia, protección consular y respuestas oportunas.
El restablecimiento de la relación consular ha sido el resultado de meses de conversaciones, de encuentros bilaterales y de un trabajo constante que comenzó el mismo 11 de marzo y que tuvo un punto pivotal en la reunión que sostuve con el entonces canciller de Venezuela en Bogotá. Allí le propuse que comenzáramos un proceso de normalización de relaciones. A partir de ese diálogo inicial se mantuvo un canal de comunicación constante con Caracas que continuó con el actual canciller Félix Plasencia y que culminó con el anuncio del 30 de julio.
Ahí quedó demostrado que, como ocurre en toda relación entre Estados, los avances verdaderamente importantes requieren tiempo. La confianza abre caminos. Pero la confianza no se decreta; se crea paso a paso, con prudencia y convicción.
Precisamente por eso fijamos como uno de los pilares de esta Cancillería la construcción de confianzas. Porque en un escenario internacional cada vez más complejo, donde las tensiones geopolíticas, los desafíos migratorios y las amenazas del crimen organizado exigen respuestas coordinadas, la confianza deja de ser un concepto abstracto para transformarse en un activo estratégico. Es el factor que permite abrir espacios de diálogo cuando todos los caminos parecen cerrados.
La construcción de confianzas exige también una mirada de largo plazo. Los vínculos entre los Estados se sostienen sobre intereses permanentes y la convicción de que siempre es posible encontrar espacios de cooperación cuando existe voluntad de hacerlo.
Chile ha construido una política exterior de Estado, anclada en principios mantenidos por décadas, reconocida por su seriedad, predictibilidad y continuidad. Esa tradición constituye uno de nuestros principales activos. Nos ha permitido ser un país confiable en el concierto de las naciones y jugar un rol de liderazgo en ámbitos como el derecho del mar, la cooperación antártica y la promoción de libre comercio. Ese prestigio no se improvisa. Es el resultado de décadas de trabajo, fundado en una diplomacia profesional que entiende que los logros duraderos requieren paciencia, dedicación y discreción.
Para la consecución de estos logros resulta fundamental negociar desde una posición de unidad nacional, en las que todos los sectores involucrados aportan desde sus respectivos ámbitos. Se trata de una vieja receta aplicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y que ha dado resultados en complejos procesos diplomáticos que ha debido enfrentar nuestro país en el pasado.
Hoy, cuando el mundo enfrenta crecientes incertidumbres, ese enfoque adquiere aún mayor relevancia. La diplomacia no consiste únicamente en reaccionar frente a las crisis; consiste, sobre todo, en prevenirlas, generar condiciones para el entendimiento y construir relaciones que resistan el paso del tiempo. Y, en nuestro caso, además, pensando siempre en el mejor interés para Chile y su gente.
La política exterior no puede ni debe estar atada a la coyuntura. Es superadora del ahora para proyectar el interés de una nación en el largo plazo. Un interés que va más allá de nosotros y que se proyecta a las futuras generaciones.
Confianza y unidad es lo que Chile necesita para salir adelante.
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