¿Hasta qué punto la propuesta del presidente Boric cambia el escenario?
Efectivamente, creo que el presidente Boric, con sus declaraciones del viernes pasado, ha cambiado de manera sorprendente los escenarios en que estaba transcurriendo la política chilena. En frente del proceso constitucional ha creado una situación nueva que golpea por igual a las derechas y a las izquierdas y que afecta a su gobierno. Creo que a Gabriel Boric hay que mirarlo como un político de fuste pues uno de los grandes méritos de un político es crear escenarios que superen los que había; encontrar una salida cuando parecía no haber ninguna. Cuando parecía abrumado por las circunstancias ha recuperado la iniciativa. Eso es mucho más que tener “muñeca”.
-Yendo por partes ¿en qué medida esto ha afectado a la derecha?
Si no es la más afectada, que parece serlo, es en todo caso la más desafiada. La propuesta del presidente le ha arrebatado a la derecha la confianza de que de ganar el Rechazo tendría la llave de los cambios constitucionales a través de uno de dos mecanismos. Uno, la idea de que ese triunfo significaba revivir la Constitución del 80 (posición de los republicanos, pero también de algunos UDI y RN). El otro, que el triunfo del Rechazo devolvía el poder constituyente al parlamento. La derecha había encontrado aquí una zona de confort, que se traducía en tratar de hacer creíble su promesa de cambio constitucional, lo que ponía a la centroizquierda e izquierda que apoyan el “rechazo para reformar”, en la incómoda tarea de dar un bono de credibilidad a un sector que no una, sino todas las veces en que tuvo ocasión de hacerlo, había incumplido sus promesas sobre la materia.
¿Y usted cree que esas garantías se han roto?
El presidente las ha desafiado de modo frontal al plantear que en el caso del triunfo del rechazo no cabe ni revivir la Constitución del 80, ni devolver al Congreso el poder constituyente. Pretender revivir la Carta del 80 es una mala idea, un imposible político. Ella está definitivamente muerta y no hay fuerza política alguna, por poderosa que sea, capaz de reestablecerla. A su vez, la idea de que ahora cabe entregarle al actual Parlamento la redacción de la Nueva Constitución me parece que carece de viabilidad.
¿Por que?
De partida, no hay que olvidar que en el plebiscito de entrada un 79 por ciento de los chilenos se pronunció en contra de cualquier participación de los parlamentarios en la elaboración de la Carta. La idea de una Comisión Constituyente integrada mitad por parlamentarios y mitad por constituyentes especialmente elegidos, logró un magro 20 por ciento. A ello se agrega el hecho no menor de que en el actual parlamento la suma de Evopoli, RN, UDI y Republicanos tiene un 50 por ciento del Senado y un 43 por ciento de la Cámara. Estamos, a mi juicio, ante otro imposible político. No es extraño que la derecha haya reaccionado duramente contra la propuesta presidencial pues la discusión difusa sobre la credibilidad ha dado paso a la exigencia de un pronunciamiento unívoco
Hay quienes sostienen que la apuesta del gobierno es que la ciudadanía está hastiada del proceso constitucional, como lo revelan las encuestas, y en consecuencia decir que se extendería por otros 18 meses le subiría el costo a votar Rechazo. ¿Está de acuerdo con eso?
Es cierto que la Convención Constituyente terminó desvalorizada, producto de sus errores y payasadas; pero acorde a esas mismas encuestas ella es más valorada que el parlamento. A la CC se le atribuyen, no obstante su desprestigio, muchos avances, así lo reconocen las declaraciones de los expresidentes Frei y Lagos. Pero, justo o no, el Senado y la Cámara, son rechazados como lugares para elaborar una Nueva Constitución.
Y ¿qué le parece la idea de entregar, ahora, la redacción a un grupo de expertos?
Eso sería validar hasta el extremo a la CC. Ella habría sido el lugar –y de hecho lo ha sido y de ahí en parte sus problemas– donde se expresó el país en su diversidad social, regional, de género, de los pueblos originarios, la diversidad sexual, los grupos ambientalistas. Y ahora, así se entendería, hay que sacar fuera al “pueblo” y entregar el asunto “a la elite”. Cómo no entender que eso sería una insensatez. Sería darle la razón a los populismos cuya columna vertebral es la contraposición entre “el pueblo” y la elite.
¿Que viabilidad le ve a la propuesta del Presidente Boric de repetir el proceso constitucional en forma idéntica al actual proceso que culmina con el plebiscito del 4 de septiembre? ¿Estima conveniente que se cambien las reglas para elegir una eventual nueva Convención?
La del presidente hay que mirarla como una propuesta; no como un dictado. Pienso que el plazo de 18 meses es muy largo, bastaría con un año; que no hay que “partir de cero”, pues la CC deja muchos insumos y antecedentes que van a facilitar el trabajo de esta nueva etapa. Creo que hay que rechazar el insólito sistema electoral que se creó para elegir a la CC que acaba de ser disuelta y que es el origen de muchos de sus problemas. Pero dicho lo anterior sería partidario de que la nueva etapa tuviera, con respecto a la ya disuelta, “una economía de modificaciones”. Salvo las que he señalado y por supuesto otras que se me escapan. En esta materia, menos es más.
¿Y los escaños reservados?
Sinceramente, y aunque sea políticamente incorrecto desafiar la marea hoy anti indigenista, creo que terminar con los escaños reservados sería un grave error. Sería entendido como que habiendo entreabierto una puerta al reconocimiento de los pueblos originarios se habría decidido cerrarla, frustrando una esperanza. Por supuesto hay mucho que discutir, pero lo que no es posible es botar el niño, el agua y la bañera.
Usted ha dicho que hoy el más fuerte argumento del “apruebo” es la falta de credibilidad de la derecha respecto de su promesa de impulsar cambios constitucionales en caso de que gane el “rechazo”. ¿Qué gestos tendría que tener la derecha para cerrar ese flanco?
–Por favor no coquetear con imposibles políticos como la vuelta a la Carta del 80 o la entrega al actual parlamento de la redacción de la nueva Constitución. Por el contrario, abrirse a una reforma constitucional que permita dar la más inmediata continuidad al proceso constituyente. No creo que lo del presidente sea un atropello al Congreso. Aunque no me siento calificado para entrar en la discusión jurídica de si esto requiere o no reforma constitucional, creo que por el bien del país ésta deberá ser una negociación del Presidente con el Congreso. Ahora, creo que si la derecha hiciera lo que he planteado, el más fuerte argumento en favor del “apruebo” habría perdido parte importante de su validez.
¿Con un plebiscito de entrada?
A la derecha, le diría que no cometa el error de la vez anterior, donde a pesar del consejo de muchos, insistieron en un plebiscito de entrada que perdieron abrumadoramente y que la hizo entrar gravemente derrotada a enfrentar el siguiente paso, que sí era decisivo, que era la elección de convencionales. Mi impresión es que si se hubieran evitado la derrota en el plebiscito de entrada, la derecha habría obtenido holgadamente un tercio de los convencionales que es a lo que apuntó la siguiente elección parlamentaria.
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