Israel ha vacunado al 44% de su población con la primera dosis y 29% con las dos. Pero el rápido avance se ha frenado por el desinterés de los jóvenes en vacunarse. Ahora las autoridades han creado una especie de “pasaporte” y quienes tengan las dos dosis podrán entrar a piscinas, gimnasios, hoteles y recitales. Gabriel Weber, jefe de Infectología del Hospital de Haifa, explica a Ex-Ante los logros alcanzados por la campaña de vacunación en su país y las dificultades para seguir avanzando.
“Hay que tener mucha paciencia”. Gabriel Weber, médico argentino-israelí y jefe del Departamento de Infectología del Hospital Carmel en Haifa (norte de Israel), en entrevista con Ex-Ante, explica las razones de esa desidia de vacunarse entre los jóvenes y asegura que la batalla en contra del Covid-19 aún no la tienen ganada. “No hay que bajar los brazos, no solo con el tema de las vacunas, sino con el comportamiento de la gente, el distanciamiento social, el uso de las mascarillas o barbijos, porque las dos cosas juntas finalmente llegaran a surtir efecto. Pero hay que tener mucha paciencia”, aseguró.
Con el nivel alto de vacunación en Israel, ¿ha notado que haya bajado el nivel de contagios, de muertes y de ingresos a los hospitales por Covid-19?
Sí se puede decir que, no solo en mi hospital sino que en Israel, a medida que ha aumentado el número de gente vacunada con dos dosis, y pasado el séptimo día de la segunda dosis, va bajando en forma importante la proporción de la gente vacunada en la internaciones. Aquí se empezó a vacunar a las personas mayores de 60 años y se ve muy bien en los gráficos que la proporción de pacientes mayores de 60 años entre los internados ha disminuido notablemente. El número de internados baja, no como pensábamos por el tema de las mutaciones [la británica y la sudafricana], y ha aumentado en la proporción de pacientes más jóvenes internados. Pero la mortalidad que más veíamos era entre los pacientes de más de 60 años, o más de 50 años, que ahora también estamos tomando en cuenta.
Ante esta campaña de vacunación masiva, ¿se ha notado que la población israelí ha relajado las medidas contra el coronavirus, a pesar de que aún no hay una inmunización suficiente?
Ese es un problema mundial sobre cuánto la gente cuida la distancia social y el tema de los barbijos [mascarillas]. Aquí hay gente que en cuanto se vacuna piensa que está inmune, y sabemos que eso se confiere solamente después de una semana después de la segunda dosis, lo que viene a ser un mes después de la primera vacuna. Hay gente que se ha contagiado entre la primera y la segunda dosis, y es importante señalar también que la inmunidad no es de un 100%, sino que de un 95%.
La vacunación en Israel ya se abrió para todas las edades a partir de los 16 años, pero los centros para ese objetivo están bastante vacíos. Los jóvenes no están yendo a vacunarse. ¿Qué pasa?
Al principio la gente iba en forma muy masiva a las vacunaciones, y por eso se dieron los límites de edades. Primero fueron los mayores de 60 años, luego los de 50, 40 hasta que llegaron a tener tanta cantidad de vacunas y lugares para vacunar que sobrepasaba la demanda. Lo que están tratando de hacer ahora es atraer a los jóvenes a que se vacunen. Por ejemplo, hay lugares donde la misma municipalidad ofrece una pizza y una cerveza gratis para que los jóvenes vengan a vacunarse. O hay otras cosas que conllevan un beneficio. Por ejemplo, dentro de una semana van a empezar a abrir los gimnasios, y van a poder ir solamente los que tengan dos vacunaciones. Así van a poder atraerlos, porque, aunque la mortalidad en la población joven es muy baja, ellos pueden continuar contagiando a otra gente, igual que los niños.
Incluso se habla de un “pasaporte”, una aplicación del celular o un documento impreso con un código QR, que servirá para identificar a las personas vacunadas contra el coronavirus para que puedan ingresar a piscinas, gimnasios, hoteles y recitales.
Así es, para salir del aislamiento y promover la vacuna.
¿Los jóvenes le temen menos al coronavirus o es un efecto de las campañas antivacuna?
Las dos cosas. La campaña antivacuna es un problema en todo el mundo, con las fake news, con gente que escribe en las redes sociales, en cualquier lugar, cosas que son medias verdades, con algunas palabras científicas, convencen a la gente de problemas que no existen con las vacunas, y que nosotros tratamos de combatir, pero no es fácil. Y hay gente que tiene temor, miedo de una vacuna, aunque es muy buena, muy eficaz y con pocos efectos adversos. Es comprensible, pero esa gente lentamente se va convenciendo. El tema de los jóvenes es dual: porque escuchan noticias que no son verdaderas, y porque, como todo joven de 20 años, piensan que son Superman y que van a poder pasar todo bien y que no pasa nada. Nosotros hemos visto casos graves en gente joven. Tratamos de convencer a los jóvenes que se vacunen, no solo por la comunidad, sino por ellos mismos.
¿El que los jóvenes no se vacunen puede complicar el plan de inmunización?
Depende de cuál va a ser el número de jóvenes que no se vacune. Eso puede llegar a frenarlo. Al principio había un pensamiento de que cuando se fuera a vacunar la gente rápidamente el número de infectados iba a bajar. Y no fue tan cierto porque el número de infectados bajó lentamente, está bajando lentamente, porque no es solo el factor de la vacuna sino también están las mutaciones y que la gente que no mantiene las medidas como el distanciamiento o el barbijo. Pero se supone que pasando un 75% de la población que este vacunada o que haya estado enferma, que también está inmunizada, se llega a la inmunidad de rebaño que tanto se habla.
¿Hay otros factores que impidan llegar a esa inmunidad de rebaño?
Ahora se teme por la población de niños y jóvenes que no se pueden vacunar. Por eso se están haciendo estudios para vacunar a niños de 12 a 16 años, para poder agrandar más todavía la población que va a poder recibir la vacuna. Pero lo que nosotros vemos sí, es que el número de infectados baja no tan rápido como pensamos, pero sí es efectivo. Hay que tener paciencia con el tema de la vacuna, porque los resultados no son tan rápidos como la gente cree. Lleva tiempo vacunar a toda la población y el tiempo entre una vacuna y la otra, un mes por lo menos desde que cada persona empezó el proceso de vacunación hasta que se puede ver una inmunidad.
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