El gobierno viene desde hace un tiempo mostrando claros signos de debilidad, lo que es una opinión transversal, incluyendo a quienes pertenecen a esas mismas filas. Ha tenido un año para el olvido, cuando han mostrado un listado importante de situaciones que, de no cambiar, los próximos tres años podrían resultar un verdadero calvario para todos. Si asumimos este análisis como cierto, no es menor lo que ocurre en las veredas de enfrente; la situación no se ve sustancialmente mejor.
Si analizamos lo que ha ocurrido durante el año recién pasado y hasta hoy, podemos sacar como conclusiones que nuestro sistema político viene mostrando señales preocupantes de desgaste, pero que se han agudizado en los últimos meses: populismo, violencia verbal y física, bajos niveles de acuerdo y de disciplina partidaria son fenómenos que vimos con espanto por décadas en otros países y que hoy no son tan lejanos.
El Partido de la Gente comenzó como un fenómeno político que vimos con atención. Es más, se adelantaron a decir que sus votos serían vitales para cualquier proyecto en el Congreso. Si a eso le agregamos el resultado de Franco Parisi en la última elección presidencial, cuando no puso un pie en Chile, observamos con asombro lo del PDG. Sin embargo toda esta ola que nos parecía golpear en la cara, terminó con una bancada parlamentaria disuelta, acusaciones cruzadas de puestos de trabajo por votos en la Cámara, gritos desaforados y golpes por parte del diputado Gaspar Rivas.
En fin, la posible amenaza al Sistema de Partidos que significaba ese partido se diluyó en meses. Sin bancada disuelta, pero con diputados teniendo comportamientos más que reprochables -como los casos de Kayser y De la Carrera-, fue el año del Partido Republicano en el Congreso. Nos lograron mostrar que están más del lado del obstruccionismo, en cualquiera de sus dimensiones, que de ser parte del diálogo que debería ser piedra angular en política.
En Chile Vamos, aunque teniendo un gobierno que se marca solo, la cosa no puede verse con optimismo. El nuevo proceso constituyente desnudó el discolaje y pasadas de cuenta de las directivas de sus partidos políticos. Otro caso paradigmático fueron los fracasos de las Acusaciones Constitucionales que le diieron un respiro al Ejecutivo cuando estaba involucrado en una profunda crisis debido a los indultos. Punto aparte merece la DC que ha venido viviendo su propio vía crucis durante 2022. Su nuevo presidente ha logrado detener el sangramiento, pero queda mucho por resolver.
Al final no hay mucho de qué alegrarnos del año legislativo que concluyó. Más bien lo que observamos son sólo signos de los cuales preocuparnos ¡y con razón!. Nuestra clase política y sus praxis se han ido degradando de manera sistemática, con una proyección a mediano plazo sin visos de cambiar.
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