Nos ha tocado vivir una era cambiante y veloz, donde la capacidad de adaptación es uno de los activos más importantes que podemos tener. En esta época, las políticas económicas y gubernamentales adoptadas por un país afectan un espectro mucho más amplio que el propio territorio. Los inversores más que nunca deben tener la capacidad de revaluar rápidamente sus carteras y replantear sus estrategias, para así seguir obteniendo resultados positivos en las regiones en las que participan.
El 2021 representó un año sin precedentes a nivel mundial en materia de transacciones de M&A. Hacia finales del año 2019 y principios del 2020, los países enfrentaron lo más profundo de la crisis sanitaria, impactando en forma desigual a cada uno de ellos en el ámbito económico. En 2021, los inversores volvieron a realizar activamente transacciones que habían sido postergadas como consecuencia de la pandemia. En este contexto, las transacciones han jugado un rol estratégico como respuesta a las condiciones impuestas por el entorno post pandémico. A escala global, las inversiones en M&A alcanzaron un total de USD 5 billones durante el año pasado, de acuerdo con un informe de Refinitiv, lo cual nos habla de un récord absoluto. Por su parte, en la región de Latam las transacciones cerradas en 2021 alcanzaron los USD 59 mil millones (+76% respecto del 2020). Poniendo el foco en Chile, las transacciones cerradas alcanzaron un total de USD 8 mil millones (+100% respecto del año 2020).
Haciendo un doble clic sobre nuestro territorio, nos encontramos con que las industrias más destacadas en el 2021 fueron Energía y Recursos con USD 4 mil millones, Infraestructura con USD 1 mil millones, Real Estate con USD 0,8 mil millones y consumo con USD 0,7 mil millones. En ese mismo año, Chile se ubicó segundo en atractivo de inversiones, levemente por delante de México. Sin embargo, ¿qué ha ocurrido en estos primeros meses del año?
En lo que va de este 2022, Chile se ubica cuarto en atractivo de inversiones, ubicándose levemente por detrás de Colombia, con USD 2,7 mil millones y USD 2.8 mil millones, respectivamente. Podríamos decir que en verdad es un empate técnico. Este resultado, sin embargo, no es necesariamente una tendencia definitiva ni mucho menos debiese ser interpretado como una caída, ya que es necesario ver el año completo para hablar de una tendencia.
No obstante, el ranking nos lleva a reflexionar sobre los distintos actores de la región y cuáles serían los lugares que naturalmente han disputado en los últimos 10 años. En este sentido, Brasil es claramente el líder de la región con un PIB de USD 1,445 mil millones. El segundo puesto en términos de PIB con USD 1,076 mil millones es ocupado con México. Es importante destacar que México ostenta un riesgo país diferente al de Chile, en donde nuestro país se destaca como uno de los más estables de Latinoamérica. Es, por tanto, un gran mérito para Chile haber ocupado el segundo puesto y no debe ser considerado una caída el estar peleando el tercero o cuarto lugar con Colombia cuyo PIB es realmente similar al nuestro, pero con una densidad poblacional mucho mayor.
Nuestro entorno local actual es afectado por el internacional, tanto en términos de inflación como de tasas de interés y tipo de cambio, que imprime nuevos retos a quienes vean oportunidades atractivas en estas tierras. En este sentido, vemos que para aquellos inversores con posicionamiento de mercado débil las estrategias de M&A defensivas serán un poco la regla, donde se verá la venta de activos non-core y consolidaciones de algunas industrias, reforzando en parte las defensas, salvaguardando el posicionamiento competitivo y enfocándose hacia la transformación del portafolio. Asimismo, por el lado de los inversores con un posicionamiento de mercado estratégico fuerte, vemos más afines las estrategias de M&A ofensivas, y dependiendo del grado de impacto en el modelo de negocio, a la aceleración de la transformación del modelo de negocio, la obtención de valor por parte del ecosistema (alianzas) o el cambio del modelo de negocio (convergencia, consolidación y rendimientos de escala).
Poniendo ya la mirada un poco más en el futuro, consideramos que Chile se ha visto impactado por la incertidumbre tanto global como local, pero en magnitudes similares a las de otros países de la región. El apetito inversionista en Chile lejos de retirarse aún se mantiene, y eso es demostrado por el sano nivel de proyectos de inversión que promueve el país actualmente. Creemos que debiésemos ver transacciones significativas durante el segundo semestre del 2022 en el ámbito del consumo y por supuesto en la industria de la energía y recursos. Un entorno cambiante y desafiante es también una oportunidad, principalmente para aquellos “inversores” con capacidades financieras y apetito para seguir invirtiendo en países emergentes de la región.
Publicaciones relacionadas
Si el control sobre las designaciones no está garantizando reelecciones y si cada nueva administración debe lidiar con un alto número de operadores políticos de la administración pasada que dificultan su gestión, ¿no será momento de que se promuevan cambios en materia de empleo público de forma transversal? Y si estas razones utilitarias no convencen, […]
La primera intervención del gobierno no solo fue ciega a lo sucedido en la Cámara sino que estuvo caracterizada por una serie de errores técnicos que una reforma como esta no se puede permitir. Si en la Cámara se tramitó completamente sin ningún dato que sustentara la propuesta, en el Senado no se puede permitir […]
La socia de KPMG en Chile asegura que preocupa que recién cuando el alza impositiva a las ganancias de capital en instrumentos bursátiles lleva recién casi un año y medio se anuncie una nueva alza.
En un nuevo podcast After Office: Investing, Catalina Edwards conversa con la economista María Carolina Grünwald, client portfolio manager de MBI Inversiones, para abordar la propuesta del Gobierno que busca reducir (o eliminar) siete exenciones tributarias y sus implicancias en el mercado de capitales.
Desde fines de junio del año pasado, cuando comienza a tomar fuerza el ciclo de recorte de tasa de política monetaria en Chile, el peso ha acumulado una depreciación de 20% versus movimientos muchísimo más acotados en el resto de las monedas de América Latina.