-¿Qué repercusiones podría tener si se descubre que detrás del secuestro del teniente Ojeda está el gobierno de Maduro?
-Hasta aquí la intervención desde Caracas es una hipótesis, de modo que no debemos especular. Ahora, si ello se confirmase sería una situación extremadamente grave pues implicaría una vulneración a la soberanía de nuestro país mediante acciones de fuerza. La igualdad de los estados, la soberanía y la no intervención en asuntos internos (salvo ante la vulneración de DDHH) es la base sobre la que se estructura el sistema internacional.
Chile tendría una serie de herramientas políticas y diplomáticas para hacerle frente. El respaldo político de otros estados ante una situación así sería muy relevante. Y aquí hay un desafío importante, más cuando vemos que la región vuelve a estar dividida respecto de Venezuela y que los gobiernos más cercanos al de Chile han permanecido silentes frente a Maduro.
Por ello, Chile debió haber adherido al Comunicado conjunto que emitieron los gobiernos de Paraguay, Uruguay, Costa Rica y Argentina ante la expulsión de la oficina de DDHH de Naciones Unidas (de Venezuela). Actuar en conjunto ante estas situaciones facilita una base para acciones futuras. Si se descartó por faltas de coincidencias ideológicas entre esos Gobiernos y el de nuestro país, fue un error.
-¿El rompimiento de relaciones sería contraproducente?
-Si, lo sería. La ruptura de relaciones diplomáticas es una medida de último recurso que dejaría en desmedro a nuestro país al perder instancias de interlocución al máximo nivel y de exigencia de responsabilidades políticas. Venezuela ha ido sistemáticamente desprendiéndose de sus compromisos con el claro objetivo de impedir el escrutinio internacional. Por eso se retiró de la OEA y expulsó a la oficina de DDHH de la ONU.
El rompimiento de relaciones diplomáticas terminaría favoreciendo a Venezuela que quedaría libre de tener que responder políticamente a Chile. También lo desaconsejaría al tratarse de un país sudamericano con amplios y sensibles vínculos con varios de nuestros vecinos y con otros poderosos actores internacionales como irán y Rusia. No olvidemos que el Canciller ruso Lavrov visitará Caracas esta semana, una segunda visita en menos de un año. Eso en diplomacia da muestras de cuán fuertes son los vínculos entre dos estados.
-¿Qué habría que hacer?
-Desaconsejando la ruptura de relaciones, de comprobarse la intervención de Venezuela, se debe reaccionar con firmes medidas diplomáticas.
-Boric pidió contactarse con Caracas, pero según el ex canciller Hernán Felipe Errázuriz, Maduro no va a colaborar. ¿Es viable pensar en que el gobierno bolivariano ayude? ¿Es necesario llamar al embajador chileno en Venezuela?
-Si observamos los compromisos internacionales que ha adoptado el gobierno de Maduro, vemos que su récord de cumplimiento es escaso, casi nulo. Así lo demuestra la negativa a habilitar a todos los candidatos a las elecciones de este año, compromiso asumido en el acuerdo de Barbados, o la amenaza de Delcy Rodríguez, que funge como Vice presidenta, de suspender cualquier acuerdo migratorio con EEUU en caso de que este país reactive las sanciones. No tengo mayor confianza en que Venezuela cumpla con la supuesta cooperación ofrecida a Santiago. Tampoco tiene incentivos para hacerlo.
-Según fuentes de inteligencia, desde el año 2014 alertaron sobre posibles actividades ilícitas de personas que entran en el flujo migratorio irregular, incluidos agentes del régimen de Maduro. ¿Había preocupación sobre este tema cuando usted fue subsecretaria y ministra subrogante?
-Hubo muchos asuntos que generaban enorme preocupación respecto de Venezuela. Especialmente la deriva anti democrática cuyo punto de no retorno fueron las ilegítimas elecciones presidenciales de 2018. Luego comenzó una fuerte represión y hostigamiento constante a los miembros de la oposición, su retirada de la OEA y la negativa a aceptar cualquier escrutinio internacional.
Y lo más relevante: la vulneración sistemática de DDHH en todo ámbito, lo que fue causante directo de la ola migratoria. Además, los órganos migratorios y de registro civil venezolanos se encontraban en condiciones tan precarias que era muy difícil lograr una cooperación efectiva.
Eso generaba gran inquietud, pero no impidió a que lográsemos diversas autorizaciones desde Caracas para, por ejemplo, repatriar a personas venezolanas expulsadas judicialmente o administrativamente. La clave fue ser discretos y trabajar incansablemente.
-Es un secuestro atípico, porque no se ha pedido rescate y nadie lo ha reivindicado. ¿La tesis del autosecuestro no debe descartarse? ¿O que haya estado involucrado el crimen organizado? ¿Son tesis menos creíbles?
-La desaparición del teniente Ojeda tiene similitudes con acciones que realizan regímenes dictatoriales. Sobre las otras hipótesis prefiero no aventurarme pues la criminología está lejos de mi expertise.
-Boric ha sido duro al criticar las violaciones a los DDHH en Venezuela. Dado el acento cada vez más dictatorial del presidente venezolano, ¿no le sorprendería que este secuestro haya sido visado por Caracas?
-El Presidente Boric ha estado bien al enfrentar al régimen venezolano, aunque extrañé una declaración de él respecto de la expulsión de la Oficina de DDHH de Naciones Unidas en Venezuela, más allá del comunicado de Cancillería, sobre todo porque ha sido tan enfático en su respaldo a la labor de la ONU en otras situaciones límites, como el actual conflicto en Gaza.
Sobre si Caracas intervino o no en el caso de Ojeda me remito a la respuesta anterior: son acciones que realizan las dictaduras, pero mientras no tengamos certezas o al menos indicios razonables, prefiero no especular.
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