Ayer con mucha alegría veía las fotos, no solo en la prensa escrita sino que también en varias redes sociales y diferentes plataformas, de las más altas autoridades económicas de nuestro país frente al cartel del Nasdaq en la ciudad de Nueva York donde por estos días se está realizando una nueva versión del Chile Day–evento en el cual le contamos al mundo las bondades de nuestro país. Por supuesto que en las fotos estaban presentes hombres y mujeres todos muy coordinados y formales. Todo lo contrario a lo que sucedió en el mercado financiero local hace apenas un par de semanas, donde la descoordinación entre Hacienda y el Banco Central nos costó a todos los chilenos un dólar que superó los mil pesos, y una volatilidad increíble y que desembocó en la intervención del Banco Central en el mercado cambiario dado que, la realidad era que el mercado se estaba alejando de sus fundamentos y no estaba cumpliendo su función de un buen mecanismo asignador de precios. Tal como lo han dejado en claro algunas crisis, cuando existe una falla de mercado, la autoridad debe intervenir.
Mucho se ha hablado del tipo de cambio nominal, pero poco se ha hablado del tipo de cambio real y como éste debe, de alguna manera, depreciarse cuando el país tiene una menor productividad en relación a sus socios comerciales o cuando se hace más ineficiente. Muchos también han hablado del precio que debiera tener el dólar dada la cotización actual del cobre pero varios olvidan que en los últimos años, el alto precio del cobre no es consecuencia de la fortaleza de la economía de China como lo fue en el caso del super ciclo, sino que es más que nada una consecuencia de la debilidad del dólar a nivel mundial. Un dólar debilitado impulsa el precio de los commodities como activos alternativos y esto a su vez para Chile implicaba una apreciación de nuestro peso hasta hace un tiempo. Ahora con la fortaleza del dólar la realidad es el precio de este commodity debiera debilitarse y dado lo anterior, el peso debiera depreciarse en términos nominales tal como está ocurriendo. Otra explicación para el alto precio del dólar en el mercado local, viene por el lado de la incertidumbre que vivimos hace tiempo (y que se está haciendo costumbre lamentablemente) y que hace que los inversionistas liquiden posiciones en pesos para convertirlas en dólares. Esta presión compradora lleva al alza la cotización de la moneda americana y nuestra moneda pierde valor básicamente porque los inversionistas no la quieren. Lo cierto es que, todas estas explicaciones en mayor o en menor medida van en la misma dirección de una moneda local que ha perdido valor. Sin embargo a veces igual resulta difícil de entender que, con el diferencial de tasas que existe hoy en día, el tipo de cambio nominal haya alcanzado el nivel de los 1.000 pesos. Pero dado lo anterior, todos en mayor o menor medida somos hoy en día más pobres (algo que parece obvio).
A nivel de movimientos de mercado, todo comenzó en el mes de junio cuando en su comunicado de la RPM, el Banco Central suavizó el discurso y dijo que bajaría el ritmo de normalización monetaria, es decir el ciclo de alzas de tasas seguiría pero a un ritmo menor. Unos días más tarde, el vicepresidente del BC mencionaba que el dólar se encontraba presionado por factores externos pero se ubicaba aún dentro de los fundamentales. De esta manera, el Banco central le quitaba el techo al dólar y hubo quienes comenzaron a especular en el mercado cambiario de alguna manera poniendo a prueba la reacción del Banco Central. Cuando el Ministerio de Hacienda anunció la liquidación de dólares para financiar sus requerimientos fiscales del ejercicio, el mercado interpretó esta decisión de manera errada como una intervención cambiaria y vivimos una “exuberancia irracional”. Esto a su vez fue seguido por las declaraciones del propio ministro que llamaba a la máxima autoridad monetaria a explicitar sus supuestos y finalmente ocurrió la guinda de la torta, con el emplazamiento de la ministra secretaria general de Gobierno hacia el Banco Central demandando una intervención en el mercado cambiario. Como si fuera una pelea palaciega, los dichos de la ministra secretaria general de Gobierno fueron de alguna manera suavizados por el ex presidente del Banco Central, quien señaló –algo que todos sabíamos– y es que no todos los ministros entienden de economía, lo cual es bastante lógico ya que no todos médicos ni abogados ni todos somos entrenadores de fútbol. Me cuesta entender el afán de opinar de temas cuando no existe un conocimiento acabado de los mismos.
Lo cierto es que, como consecuencia de una gran descoordinación, el mercado dejó de funcionar correctamente y el Banco Central anunció entonces un programa de intervención cambiaria y provisión de liquidez para no afectar el sistema de pagos. En su comunicado el instituto emisor, explicó que la depreciación del peso se había dado con una intensidad y volatilidad inusualmente altas y que la persistencia de dicho escenario elevaba la probabilidad de distorsiones significativas en el funcionamiento del mercado financiero en general. En este contexto, el Consejo determinó la intervención y provisión de liquidez en dólares, por un monto de hasta US$ 25.000 millones a partir del lunes 18 de julio y hasta el 30 de septiembre de 2022. La intervención en el mercado cambiario considera tanto la venta de dólares spot por un monto de hasta US$10.000 millones, la venta de instrumentos de cobertura cambiaria por un monto de hasta US$ 10.000 millones y un programa swap de divisas por un monto de hasta US$ 5.000 millones complementado por un programa de liquidez en pesos a través de operaciones REPO por ventanilla. Ahora, el Banco Central que ya tiene entre manos la tarea de volver a anclar las expectativas de inflación en 3% en un horizonte de dos años, puso paños fríos a esta serie de errores comunicacionales. Quizás todas estas distorsiones de mercado y este escenario de volatilidad extrema se hubieran arreglado con un poquitito más de coordinación como la de la foto a la cual me refería al principio.
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