Pese a que a un mes de ser inaugurada un 47% de los ciudadanos desaprueba su desempeño, contra un 30% que lo aprueba, la Convención Constitucional no ha sufrido un daño estructural. Los desafíos que tiene por delante son inmensos y es urgente que la Mesa tome medidas para salvarla de la polarización y de las agendas personales ajenas a su mandato, que es proponer una nueva Constitución al país.
Malas señales. Para quienes creemos que la Convención Constituyente es tan importante como símbolo de un nuevo ciclo para el país, como necesaria para encauzar los conflictos latentes, las noticias de la encuesta Criteria de esta semana no son alentadoras. A un mes de su instalación, los ciudadanos que desaprueban la forma en que la Convención está desarrollando su labor (47%) son más que los que la aprueban (30%).
Sin daño estructural. La cruda realidad se ha impuesto y es evidente que la Constituyente la tendrá difícil y será permanentemente espoleada tanto por amenazas internas -grupos interesados en frenar los avances y otros maximalistas- como externas: una ciudadanía que no le dará carta blanca a su gestión, medios de comunicación estimulados por el rating y los clics, más la desafección gubernamental, al menos hasta marzo de 2022.
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