Diciembre 8, 2023

Carlos Montes en la bandeja de salida. Por Jorge Schaulsohn

Ex presidente de la Cámara de Diputados
Créditos: Agencia Uno

La defensa corporativa del gobierno y sus partidos para blindar al ministro ha significado una pérdida de confianza de la ciudadanía en su gestión (…) No se trata de poner en duda la honorabilidad de Carlos Montes. No conozco a nadie que crea que él faltó a la probidad. Pero hay una ausencia total de transparencia respecto de cuando se enteró el ministro y el gobierno y si se adoptaron las medidas oportunas para impedir o prevenir el desfalco.


“The Bucks Stops Here”: no evadir ni lavarse las manos. El expresidente de Estados Unidos Harry S. Truman se hizo famoso por poner un pequeño letrero sobre su escritorio que decía “The Buck Stops Here”. Se trata de una expresión del “slang” norteamericano que significa no evadir, ni lavarse las manos, ni esquivar ni traspasar el “bulto” o la responsabilidad propia de una decisión u omisión a un tercero.

  • El mensaje de Truman caló hondo en el pueblo acostumbrado a que altos funcionarios del gobierno culparan siempre a los  subordinados de menor rango por sus metidas de pata o negligencias.
  • Justamente todo lo contrario de la forma cómo el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo liderado por Carlos Montes está enfrentando la crisis de corrupción. Al ministro se le ha visto dubitativo, confundido, sobrepasado, mal informado y errático. Más preocupado de su legado, de mantenerse en el cargo que de asumir la responsabilidad política que como ministro le cabe en el uso ilegal de los recursos del ministerio.

“Chivo expiatorio”. Entre 2022 y 2023 se han efectuado traspasos de fondos públicos a fundaciones por más de $15.000 millones de pesos manejados por una red o mecanismo diseñado para defraudar al Estado que operaba en casi todas las regiones del país, en concomitancia con seremis, otros funcionarios y altos dirigentes políticos de partidos afines al gobierno e incluso una parlamentaria.

  • Este asunto se está poniendo cada vez más complicado porque hay una nebulosa respecto de quién supo qué y cuándo. Ahora apareció una tía del señor Crispi, doña Verónica Serrano, que ocupaba un alto cargo en el ministerio. Ella fue sindicada por Ricardo Trincado, asesor del ministro, militante del PS, como la persona que ordenó apurar los tramites para desembolsar recursos a las fundaciones truchas.
  • A raíz de esta situación Montes le pidió la renuncia a Trincado en un intento de responsabilizarlo por no informarlo oportunamente. Una especie de “chivo expiatorio” llegando incluso a negar su condición de asesor, pese a que ello constaba en su contrato.

Pérdida de confianza ciudadana. Hay una demanda de la ciudadanía que exige transparencia, “accountability” y que se sepa la verdad. Porque en el Minvu estaban robando a manos llenas bajo las narices del ministro.

  • La defensa corporativa del gobierno y sus partidos para blindar al ministro ha significado una pérdida de confianza de la ciudadanía en su gestión. Se ha llegado al extremo de orquestar manifestaciones de apoyo en la calle Serrano donde se ubica el Minvu en la que el ministro, megáfono en mano, reiteró su inquebrantable decisión de permanecer en el cargo. Como si fuera un asunto de orgullo personal. Mientras tanto, desde el Partido Socialista han comenzado a hablar de la “traición” de la que Montes habría sido víctima, supuestamente a manos de sus compañeros de coalición.
  • No se trata de poner en duda la honorabilidad de Carlos Montes. No conozco a nadie que crea que él faltó a la probidad. Pero hay una ausencia total de transparencia respecto de cuando se enteró el ministro y el gobierno y si se adoptaron las medidas oportunas para impedir o prevenir el desfalco.   

Falta de supervisión y de control. La posición de un ministro de estado conlleva una carga significativa de responsabilidad, ya que una de sus tareas principales es liderar y supervisar un ministerio, desempeñando un papel crucial en la toma de decisiones lo que involucra la gestión ética y eficiente de los recursos públicos.

  • El ministro debe asegurarse de que los fondos asignados se utilicen de manera ética y para beneficio público. Para ello tiene el deber de establecer sistemas efectivos de supervisión y control para prevenir y detectar irregularidades financieras y garantizar la transparencia de su gestión. Nada de esto ocurrió en el ministerio
  • Justamente sobre estos temas se pronunció una Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados que acusó a Montes de negligencia y reprochable inobservancia de sus obligaciones como jefe de la cartera; entre otras razones porque no se preocupó de que su firma que había delegado a otros funcionarios de 15 regiones se usara correctamente.

Hoy es demasiado tarde. Pero al ministro Montes no le entran balas. Como líder del ministerio se esperaría que el asuma la responsabilidad del mando, que es de naturaleza política, de las acciones u omisiones de su equipo en el manejo de los recursos públicos bajo su supervisión, independientemente de su conocimiento directo de los desfalcos.

  • Su renuncia habría podido ser interpretada como un acto de integridad y responsabilidad, un rechazo claro de la gestión corrupta de fondos públicos, ayudando de paso a recuperar la confianza del público en nuestras instituciones. Además, sería coherente con la impecable y larga trayectoria política de Montes, que con justicia le ha granjeado el respeto de sus pares.
  • Pero para eso tendría que haber sido oportuna y hoy ya es demasiado tarde; el escándalo está consolidado y el ministro forma parte inseparable del relato, atrapado entre las versiones contradictorias y nuevos antecedentes que ponen en duda la veracidad de algunas de sus afirmaciones. Lo que no significa que no termine renunciando; pero si lo hace, para él ya no tendrá un efecto sanador.

“Ponle un poco de azúcar a cada palabra”. Sin duda al ministro su trayectoria política lo está ayudando a mantenerse en el cargo, por ahora. Por eso es pertinente traer a colación la intervención del entonces senador Montes fundamentando su voto a favor de la acusación contra Chadwick: “no se trata” dijo el senador “de analizar la trayectoria política o las características personales de Chadwick. Lo que se estudia hoy es su rol de ministro en la crisis. Hay una naturaleza mixta del juicio que debemos emitir porque hablamos de lo jurídico y también de determinar una responsabilidad política”.

  • Discurso que me trae a la memoria las sabias palabras de Charlie Rangel, un famoso diputado afroamericano representante de distrito de Harlem: “Siempre ponle un poco de azúcar a cada palabra que sale de tu boca, porque es muy probable que algún día te las tengas que tragar”.

No habrá final feliz. No se puede descartar que Montes tenga que enfrentar una acusación constitucional, sobre todo después del informe de la Comisión Investigadora.  El tema no está para nada cerrado y todos los días emergen nuevos antecedentes que ponen en duda las múltiples versiones y explicaciones contradictorias del gobierno y dejan en una posición cada vez más incómoda al ministro.

  • La política es una actividad implacable. Cuando un senador o diputado llega a ser ministro siempre será recordado como tal; porque al tener facultades ejecutivas sus decisiones afectan directamente la vida de las personas y el patrimonio público. A diferencia de que ocurre con un parlamentario, lo que hacen o dejan de hacer tiene consecuencias.  Su imagen queda atada con su gestión en lo que se considera su cargo más importante, sobre todo cuando se asume al final del camino. Pase lo que pase esta historia ya no tuvo un final feliz para Carlos Montes.

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