-La Cámara eligió a Ricardo Cifuentes (DC) como nuevo presidente, como primera vicepresidenta, Carmen Hertz (PC) y segunda Daniella Cicardini (PS). ¿Es una buena noticia para el Gobierno, aunque haya ganado la DC?
-Se dio la lógica porque si llevaban a la presidencia al PC le iban a entregar la mesa a la oposición. Lo que por lo demás había ocurrido en 2020 cuando fue Karol Cariola y finalmente terminó presidiendo Diego Paulsen. Y en 2022 si no reemplazan a Cariola por Vlado Mirosevic, habría ocurrido lo mismo. La insistencia de PC habría conducido a lo mismo.
Me imagino yo que el gobierno habrá presionado para que ocurriera. Porque perder la presidencia de la Cámara, cuando el Senado está conducido por la oposición habría sido fatal para el Gobierno. Deben haber habido hartas compensaciones, porque no creo que la oferta de presidir el tercer periodo sea real, pues nadie se lo cree. Es humo, porque los problemas que hay hoy o se mantienen o se agravan.
-El nombre de Carmen Hertz surgió durante la tarde del lunes. Se cumplen los 50 años del golpe y ella es víctima.
-Esa fue la razón porque finalmente se inclinaron por ella en lugar de una figura más interna, como el jefe de bancada. Es un acierto del partido, porque obviamente Carmen Hertz es la figura más visible que tienen.
-¿Demuestra la habilidad táctica del PC?
-La decisión de llevar a Carmen era una decisión privativa del partido. Y la pusieron justamente por el marco de los 50 años. Su presencia le da un realce particular a la conmemoración.
Pero el presidente es un demócrata cristiano y eso también tiene una significación. La Democracia Cristiana estuvo al otro lado que el Partido Comunista en la coyuntura del 11 de septiembre del 73.
Ahora bien, es muy difícil, casi imposible, que un comunista presida la cámara. Ese es el dato mayor. Lo de Carmen en la vicepresidencia es un buen consuelo, pero no es más que un buen consuelo.
-Otro tema que no termina de provocar polémica es el caso de Jackson: la UDI mandó una carta y luego condicionó el diálogo político sobre pensiones a su salida del gabinete.
-Se pasaron varios pueblos en la UDI. No logro entender la decisión. La carta que enviaron está completamente sobregirada. Podría ser objeto de una querella por injuria y sería ganada en cualquier tribunal. Y luego, todos sabemos que en un régimen presidencial, es el presidente el que pone y saca ministros. Y cuando uno puja públicamente por la salida de un ministro, lo único que provoca es afirmarlo.
Si Jackson estaba tropezando hace ya rato, lo que hicieron fue afirmarlo a lo menos por un tiempo en el cargo. Luego al condicionar la participación en la mesa provisional, eligieron el peor de los temas (pensiones). Se equivocaron. No sé si de pronto les bajó la urgencia de competir por quién era más duro respecto del gobierno con Republicanos. Y se da la paradoja que Republicanos está en la mesa de diálogo, porque la previsión es un tema país y no está la UDI. Es un giro incomprensible, a mi juicio.
-A pesar de que, como tú dices, la carta afirmó a Jackson, ¿no se descarta un cambio de gabinete?
-No se puede descartar. Lo que sí provocó esto es que si hay un cambio de gabinete no va a ser ahora y va a ser no en función de esta coyuntura, sino en función de un arreglo más global.
-¿Pero es necesario?
-Yo creo que sí. En particular, pienso que hay momentos en que tú tienes que preguntarte si le sirves o no le sirves al gobierno del que eres parte. En el caso de Jackson más aún, porque fue parte protagónica del núcleo fundacional. Y luego, si te sirve o no te sirve a ti en tu proyección política.
Hace un buen rato que la respuesta a esas dos preguntas -si le sirve al gobierno y si le sirve a él mismo-, son negativas para Jackson. Entiendo que el contexto actual hace difícil porque sería entregarle una victoria a la UDI. Es de aritmética política simple. Por eso que no entiendo a la UDI. Capaz que quieran que se quede porque saben que es un problema en el Gobierno.
-La oposición perdió en la Cámara, pero sigue teniendo, según varios analistas, la primera opción en la presidencial. ¿Cómo ves su performance?
-La oposición haría mejor simplemente esperando para llegar a La Moneda. Pero hace lo imposible por llevar el foco a sí misma. Renovación Nacional con una elección donde aparecen grupos disputándose el poder y no diseños de estrategia o de proyección política. La UDI que iba en una cierta senda, de repente se pega un viraje como si estuviera compitiendo con Republicanos.
Los veo faltos de diseño estratégico. Los invitaría a leer bien lo que pasó en España en la relación entre el Partido Popular y VOX, que es el partido hermano de Republicanos.
-¿Primero se acercaron a Vox, después marcaron distancia?
-Después del 2019 que fue la emergencia brutal, apareció Vox con más del 15% y con el Partido Popular en 21%; es decir, se convirtió en una amenaza. Entonces como que se angustiaron y empezaron a intentar mimetizarse, a tomar los temas de Vox y lo único que hicieron fue aumentar la popularidad de VOX. En cambio, cuando recuperaron su centro, su eje y volvieron a ser lo que era tradicionalmente el Partido Popular y dejaron de competir con VOX, pasó lo que pasó. Es decir, 33% del PP contra 12% de Vox. Y yo te diría que la alianza del Partido Popular con VOX en las regiones fue el elemento clave para impedir que la derecha consiguiera la 176 escaños que requería para gobernar.
-¿Te sorprendió el presidente Boric, cuando dijo que una parte de mí quiere derrocar al capitalismo?
-Si le preguntas a buena parte de la izquierda chilena, aún cuando tenga una práctica completamente reformista, se define revolucionaria. Nunca he escuchado al Partido Socialista decir que lo que quieren es reformar el capitalismo. Boric no escapa de eso.
-Pero el mismo presidente declaró hace poco a favor de los 30 años que habían sido creadores de progreso. ¿No se contradice?
-La izquierda nunca terminó de ser socialdemócrata en en su discurso. No es lo mismo el capitalismo en Estados Unidos que en Suecia. Pero ambos son regímenes capitalistas. La izquierda chilena se define como revolucionaria, pero es reformista.
-No sé si leíste el libro de Aylwin sobre la UP. La izquierda hablaba de dictadura del proletariado.
-Allende nunca habló de eso. Y siempre desechó esa idea explícitamente. Pero el Partido Socialista tenía un discurso obviamente revolucionario. Yo soy testigo de una manifestación en que toda la militancia le gritaba a Allende en 1973: “a cerrar, a cerrar el Congreso Nacional”. Y Allende desde el balcón dijo: “Yo no voy a cerrar el Congreso Nacional, porque el socialismo al que yo aspiro es la profundización de la democracia, no su destrucción”.
-¿Y tú gritabas contra el Congreso?
-Por supuesto, tenía 16 años. Y era socialista.
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