Hace unos días mi hija me dijo que después de cuatro revisiones había llegado a la versión final de su carta para el viejo pascuero. La miré con preocupación (no me quiso mostrar la carta) y envidia. Es temporada de presupuestos y en buena parte de las empresas (y también en Hacienda) son semanas en que se proyecta el escenario base para el 2024. Probablemente las peores semanas para hacer este ejercicio, con la volatilidad en el cielo y muchos preguntándose si: 1) estos niveles de tasas de interés, tipo de cambio, inflación y crecimiento llegaron para quedarse o, 2) habrá espacio para volver a promedios históricos en algunas de estas variables.
En climas con mayor turbulencia, la opción (2) pierde adherentes y cuesta más defenderla. En la práctica, se enreda el construir escenarios base con alternativos (usualmente peores), en medio de la mayor incertidumbre. Algo siempre difícil de resolver, pero la idea acá es ver qué inclina la balanza.
En una columna de principios de este año la idea fuerza era que los años no terminan hasta que terminan y que era mejor prepararse para lo peor y esperar lo mejor. Triste, pero cierto. Nada de eso ha perdido una pizca de validez. Íbamos tan bien, pero duró poco el impulso y hoy estamos mirando hacia 2024 con muchos frentes abiertos. El mundo no se ve particularmente favorable para Chile. Si bien en promedio seguimos esperando un crecimiento global en rangos de 2,5 a 3,0% para 2023-2024, Estados Unidos se ha desacoplado y China se ha venido desinflando. Las tasas de interés globales solo complican las cosas. La tasa del bono del tesoro a 10 años de Estados Unidos, la referencia por lejos, ya se empina cerca del 5% (nivel no visto desde hace más de 15 años, en los que promedió solo 2,5%). Si tomamos la opción (1) todo se ve muy cuesta arriba para el próximo año. La alternativa (2) tiene un comienzo de año complejo, pero da luces de poder ir de menos a más.
Desde la perspectiva de una empresa, las utilidades pareciera que van a estar muy presionadas en su crecimiento, lo que se suma a tasas de descuento que han subido fuertemente (de un capital barato pasamos a uno caro). El precio de cualquier activo sufre. Como complemento, los resultados de las principales compañías locales esperados para el tercer trimestre del año continuarían 30% bajo lo obtenido en igual trimestre del 2022. Solo unas pocas empresas han logrado recuperar en algo sus márgenes operacionales. Pareciera que calma y tiza serían lo más aconsejable para enfrentar el próximo año y esperar a que se dé algo como la opción (2). Eso para el sector privado.
Para el sector público debiera aplicar algo similar. Tenemos ingresos que crecerían moderadamente, con altos grados de incertidumbre, y una deuda que está siendo más costosa. Similar al caso de Estados Unidos, nos estamos endeudando al 6,5% anual en el margen, mientras que en los 15 años previos esto costó 5% anual promedio. La discusión de presupuesto para 2024 no dejó a todos tranquilos y han surgido voces llamando a la moderación, tanto en el optimismo de los supuestos (los términos de intercambio, grosso modo, precios del cobre versus precios de importaciones como los combustibles, solo mejoran en el horizonte), como en la cautela a la hora de gastar. Es un año para manejar con cuidado. La advertencia de S&P al poner perspectiva negativa a la deuda pública de Chile apoya este punto y las razones que levanta son bien claras, ¿o nos vamos a quedar tranquilos porque aún tendríamos grado de inversión?
Finalmente, para que la alternativa (2) pueda lograr concretarse, se debería asumir que los bancos centrales en todo el mundo tomarán una postura mucho menos contractiva que la actual, bajando tasas de interés en la medida que la inflación vaya cediendo y los desequilibrios, privados y públicos, se ordenan. En particular, estar en los zapatos de un banco central de una economía pequeña y abierta no debe ser nada fácil en este ambiente, pero no ayuda ponerle más piedras al camino. Si queremos que sea una realidad que la economía local vaya de menos a más, a pesar de todos los riesgos externos, más vale hacerse cargo de los ruidos y riesgos locales, ¿o mejor le pido a mi hija que lo incluya en su carta?
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